El año 1965 ingresé en el ejército y pasé cursos básicos en la ciudad de Daegu donde fui entrenado en el centro de entrenamiento de comunicaciones ubicado en la ciudad de Won Chu de Gang Won Do.
La primera semana pasó rápidamente por la molestia de los soldados mayores.
Cuando empezó la segunda semana ya podía tener descanso en mi corazón, entonces surgió en mi corazón el deseo de orar, leer la Biblia y adorar a Dios. Por ese motivo, yo pedí sinceramente al comandante encargado de la semana y al capitán del cuartel el permiso de un tiempo disponible para adorar a Dios, y me lo permitieron; entonces, visitaba todos los cuarteles y preguntaba a todos los estudiantes quiénes deseaban adorar. Se reunieron cien estudiantes pero lamentablemente no había un lugar como para adorar tranquilamente, pero aunque hacia frío porque era invierno, nos reunimos en el valle, al sol, y alabamos, cantamos y oramos; aquel día muchos estudiantes fueron emocionados por la palabra de Dios mediante mi predicación y tenían la fe y yo también estaba contento.
Al siguiente día por la mañana, mientras salía al entrenamiento, me llamaron por medio del alto parlante del cuartel general de profesores,
diciendo: “ROC 311 Ock Soo Park, venga al cuartel general de profesores”. Corrí rápidamente al cuartel; cuando llegué, se encontraba un teniente primero, el cual me dijo: “Ah, cabo Park, tome asiento aquí”. Entonces me senté y él me preguntó: “Cabo Park: ¿A qué se dedicaba antes de ingresar en el ejército?” “Sí, yo era evangelista”. “Ah, antes de ingresar en el ejército, yo también era cristiano igual que usted; yo creía fervientemente, pero después que ingresé he perdido la vida de creencia; ahora fumo y tomo licor, ya soy igual que los incrédulos.
Ciertamente esta vida me da mucho dolor.
Esta vez yo sirvo como oficial de la semana y escuché la canción de alabanza y fui al valle y vi al cabo Park predicando a los estudiantes.
Después de eso me sentí condenado, estaba angustiado durante toda la noche”. Y me dijo: “Cabo Park, yo también creo en Dios, ¿Podría ayudarle en algo?”. En ese tiempo yo necesitaba un lugar para el culto, entonces le respondí: “Teniente, no tenemos el salón para la adoración. ¿Nos podría permitir un salón?”. El respondió: “Ah, por supuesto”. Y ordenó al sargento que estaba a su costado que me entregue la llave de un salón para que podamos adorar.
Desde entonces podíamos adorar en un salón en el culto del domingo, muy agradecidos a Dios y muy entusiasmados.
Un domingo yo estaba con los estudiantes y guiaba el culto como siempre. Mientras predicaba, de repente, se abrió la puerta de atrás y entró el coronel del centro de entrenamiento. En ese momento, yo estaba perplejo y vacilé mucho. El coronel me miró y que dijo: “Tranquilo, tranquilo, sigan la religión; Y se sentó en la parte de atrás. Yo vacilé un momento y terminé de predicar. Cuando terminé, el coronel se levantó y me dijo: “¿Podría decirles una cosa?” Yo le respondí: “Sí, diga”. El se presentó adelante y comenzó a hablar:
“Cuando yo vine acá como comandante del centro de entrenamiento estaba entristecido porque vi que no había iglesia en este lugar. Cuando yo estaba en la guerra del 25 de junio(la guerra entre Corea del norte y Corea del sur) era comandante de compañía del cuerpo de infantería y estaba en combate en un terreno elevado (Beck Ma).
Un día llegó una orden de los superiores para atacar y conquistar el terreno elevado. En aquel tiempo ese terreno elevado era un lugar famoso de combate continuo. Por todas partes era llanura y por causa del terreno elevado había combates continuamente. Aquel lugar era importante tanto para Corea del norte como para Corea del sur; ninguno quería perder y ya había cambiado de dueño más de veinte veces. Por esa causa murieron muchos soldados. Aquel día, durante la noche, nuestra compañía estaba delante del terreno elevado, en el campamento de ataque. Teníamos que atacar al día siguiente por la mañana y los soldados estaban preparados en el foso antiaéreo.
El combate por el terreno elevado Beck Ma era combate de muerte porque después de atacar una compañía de 170 soldados solamente quedaron vivos 10 a 20 soldados y así había muchos muertos. Por eso todos los soldados tenían mucho miedo y estaban desesperados. Aquella noche yo patrullaba con mi pistola y vi que todos los soldados se desesperaban pensando en su pueblo natal y lloraban. En ese momento vi que un soldado estaba orando de rodillas y le pregunté: “¿Qué estás haciendo?” El respondió: “Sí, estoy orando”. Yo le pregunté: “¿Qué es la oración?”. “Sí, consiste en pedir a Dios que responda a nuestras súplicas”.
En ese momento, pensé dentro de mí: “Sí, sí, tiene que orar a Dios”. Así se manifestó sinceramente en mi corazón. Desde aquel momento, en el foso antiaéreo, yo pregunté muchas cosas a cada uno: “¿En quién crees tú? Quiero que ruegues sinceramente a cualquier dios, al dios de buda, al rey del mar, etc...” Al siguiente día por la mañana nunca he visto tan valientes a nuestros soldados. Ellos atacaron con gran valentía, por lo cual nuestra compañía pudo vencer con menos víctimas en el combate por el terreno elevado Beck Ma. En ese momento, yo entendí:
“¡Este es el poder de la religión!”. Desde entonces yo tengo interés en la religión. Yo estaba entristecido porque no había iglesia, yo no sabía que usted adoraba en este lugar. Vamos a construir la iglesia en este lugar, unidos todos con un mismo corazón.
Primero el coronel habló para que se construya la iglesia y después que se construyó él me ayudó mucho. En aquel tiempo era la guerra de Vietnam y yo era un escogido para esa guerra. Entonces, él ordenó y dijo: “El no irá a la guerra de Vietnam, ayúdenle para que pueda hacer religión en este lugar y para que así predique constantemente el evangelio en el centro de entrenamiento de comunicaciones”. En este cuerpo entraban y salían cientos de estudiantes cada semana. Yo me quedé en aquel lugar por un tiempo de tres años y recibí la gracia de predicar en la iglesia que construyó el coronel.
Antes de ingresar en el ejército yo era un evangelista de una pequeña iglesia ubicada en Chang Pal Li de Go Chang de Kyong Nam. Yo estaba contento al ver el cambio de los hermanos por medio de mi predicación.
Un día llegó la orden para ingresar en el ejército y entonces ingresé. Primero yo no lo reconocía, pero después entendí que Dios me permitió así según su voluntad. Dios me mandó al ejército solamente para hacer su voluntad. A donde yo iba, Dios ya había preparado la obra que habría de hacer.
Ciertamente el centro de entrenamiento de Won Chu era un lugar de evangelización que Dios preparó para mí; por eso, podía predicar a muchos estudiantes que pasaban por aquel cuerpo. Después que terminó el servicio del ejército, a veces, en el camino, encontraba a los que escuchaban en la iglesia como estudiantes de nuestro cuerpo. Entonces entendía la realidad más profundamente: Aunque yo ingresé como por obligación al servicio militar, ciertamente Dios me llamó para el servicio del evangelio.